Sensación ensimismada de esperarte
Sonata cosmogónica y desesperada
El cielo está brillando
unas nubes apenas
agrisan el celeste
se amontonan estáticas
curioseando terrazas
unas flores despiertan
en la maceta larga
se termina el invierno
y las horas no pasan
una grieta inquietante
cruza por la pared
la pintura se cae
y las horas no pasan
allá abajo en la calle
la gente va apurada
parecen muñequitos
y las horas no pasan
la música me envuelve
temas viejos -nostalgia-
cierro un poco los ojos
y las horas no pasan
acomodo otra vez
las cosas de mi casa
me miro los zapatos
y las horas no pasan
sacudo los relojes
les pongo pilas nuevas
algo debe andar mal
pues las horas no pasan
el tiempo es relativo
dicen las malas lenguas
yo pienso que es de goma
y las horas no pasan
trato de no pensar
invento crucigramas
¿puede ser que unas horas
duren más que una semana?
y cuando suene el timbre
el tiempo dará un salto
se calmarán mis ansias
y las malditas horas
echarán a correr
buscando batir récords
se reirán de mí
como ríen ahora.
sábado, septiembre 21, 2002
Cuando despiertes te estaré besando
Balada en Sol ardiente
No importa,
nada importa.
Hoy estuve sembrando besos en tu almohada,
te dormiste susurrando fantasías,
y tu sonrisa partió en cuatro los temores.
No me importa si el sol
anda de farra,
no me importa si la lluvia
está cansada
sólo importa que esta noche nazcan besos
(esos besos que sembré en tu almohada)
Y si me voy
como se van los mediodías,
partiré cuando el reloj grite verdades
y cuando sientas que no sientes nada
mis besos surgirán desde tu almohada
dirás que no es lo mismo,
que no vale,
pero esos besos incrustados en tus labios
te harán reir
otra vez
y entre sueños,
soñarás que estoy durmiendo
a tu lado.
Balada en Sol ardiente
No importa,
nada importa.
Hoy estuve sembrando besos en tu almohada,
te dormiste susurrando fantasías,
y tu sonrisa partió en cuatro los temores.
No me importa si el sol
anda de farra,
no me importa si la lluvia
está cansada
sólo importa que esta noche nazcan besos
(esos besos que sembré en tu almohada)
Y si me voy
como se van los mediodías,
partiré cuando el reloj grite verdades
y cuando sientas que no sientes nada
mis besos surgirán desde tu almohada
dirás que no es lo mismo,
que no vale,
pero esos besos incrustados en tus labios
te harán reir
otra vez
y entre sueños,
soñarás que estoy durmiendo
a tu lado.
viernes, septiembre 20, 2002
La lluvia no usa pinceles
Oda levemente melancólica, opus te extraño
Llueve,
y las gotas cayendo
ensayan el boceto
de una noche muy triste,
no entiendo a la tristeza,
no se mezcla con las soledades
ni con los dolores
ni con las ausencias.
No entiendo la tristeza,
es simple: no la entiendo.
Te dibuja la lluvia.
Líneas ensortijadas
en el lienzo-cristal
de mi ventana.
Mi mano está caida
tocando el aire hueco
¡ay! ¿dónde estás?
¿dónde estás amor mío?
¿en qué gota te escondes
por qué me cubre el frío?
Nunca me sentí así,
debe ser esta vaga
sensación de naufragio
esta absurda necesidad
de que la lluvia
te dibuje a mi lado,
esta monocromía
que me hace ver tu rostro
sonriendo en mi ventana.
Y es que a veces el alma
no quiere conformarse
con lo mucho que tiene
y siempre pide más
siempre un poco más,
uno llama al dolor
convierte la sonrisa
en gesto taciturno,
brilla tanto la asusencia
que no puede apagarla
ni el recuerdo más grato.
Será una noche larga,
la lluvia pintará las calles y las casas,
vendrá la madrugada devorando las horas
y vos en tu ventana
igual que yo, esperando.
Oda levemente melancólica, opus te extraño
Llueve,
y las gotas cayendo
ensayan el boceto
de una noche muy triste,
no entiendo a la tristeza,
no se mezcla con las soledades
ni con los dolores
ni con las ausencias.
No entiendo la tristeza,
es simple: no la entiendo.
Te dibuja la lluvia.
Líneas ensortijadas
en el lienzo-cristal
de mi ventana.
Mi mano está caida
tocando el aire hueco
¡ay! ¿dónde estás?
¿dónde estás amor mío?
¿en qué gota te escondes
por qué me cubre el frío?
Nunca me sentí así,
debe ser esta vaga
sensación de naufragio
esta absurda necesidad
de que la lluvia
te dibuje a mi lado,
esta monocromía
que me hace ver tu rostro
sonriendo en mi ventana.
Y es que a veces el alma
no quiere conformarse
con lo mucho que tiene
y siempre pide más
siempre un poco más,
uno llama al dolor
convierte la sonrisa
en gesto taciturno,
brilla tanto la asusencia
que no puede apagarla
ni el recuerdo más grato.
Será una noche larga,
la lluvia pintará las calles y las casas,
vendrá la madrugada devorando las horas
y vos en tu ventana
igual que yo, esperando.
jueves, septiembre 19, 2002
Están llorando los cristales
Neologismo en Mi bemol, piano, piano.
Se acercan las manadas de futuro
tienen los corazones marcados
con un sueño,
y yo practico tiro al blanco
en el espejo
mientras atrapo horas perdidas
y sin dueño.
Decías que jamás me lo dirías,
jugabas a palabras indigentes
y lo que no decías
lo mostrabas,
te subía
hasta los dedos
venía de tu mente.
Hicimos eco en el radar de las sorpresas,
mares de invierno,
madrugadas lentas,
ojos ardiendo
pieles en suspenso,
instintos animales
cargados de deseos,
el misil nos pegó
explotaron las risas
y volaron al aire
junto con mi camisa.
Y la semana pasa
nos lleva de la mano,
miramos azorados
el tiempo en el que estamos,
¿no hay nada en la heladera?
lo que no hay
lo inventamos.
Dejame que te diga
algunos pensamientos,
que agregue otras palabras
al caudal de sucesos.
Están pasando cosas...
¿Se hace muy largo el tiempo?
Los cristales suspiran
lloran rosas de fuego.
Y en el fondo incrustado
de un cuadro con relieves
está mi corazón
latiendo fuertemente,
peluches asustados,
pinturas ya resecas
la mano que se escapa
a rozar tu cabeza.
El amor no es insano
no es malo estar tan locos
yo diría que el tiempo
(que pasa poco a poco)
apurará carruajes,
despertará de insomnios
hasta llegar al punto
donde ya no hay peajes.
Dejame que repita
lo que ya me dijiste,
el amor no es palabra
porque ya lo sentiste.
Neologismo en Mi bemol, piano, piano.
Se acercan las manadas de futuro
tienen los corazones marcados
con un sueño,
y yo practico tiro al blanco
en el espejo
mientras atrapo horas perdidas
y sin dueño.
Decías que jamás me lo dirías,
jugabas a palabras indigentes
y lo que no decías
lo mostrabas,
te subía
hasta los dedos
venía de tu mente.
Hicimos eco en el radar de las sorpresas,
mares de invierno,
madrugadas lentas,
ojos ardiendo
pieles en suspenso,
instintos animales
cargados de deseos,
el misil nos pegó
explotaron las risas
y volaron al aire
junto con mi camisa.
Y la semana pasa
nos lleva de la mano,
miramos azorados
el tiempo en el que estamos,
¿no hay nada en la heladera?
lo que no hay
lo inventamos.
Dejame que te diga
algunos pensamientos,
que agregue otras palabras
al caudal de sucesos.
Están pasando cosas...
¿Se hace muy largo el tiempo?
Los cristales suspiran
lloran rosas de fuego.
Y en el fondo incrustado
de un cuadro con relieves
está mi corazón
latiendo fuertemente,
peluches asustados,
pinturas ya resecas
la mano que se escapa
a rozar tu cabeza.
El amor no es insano
no es malo estar tan locos
yo diría que el tiempo
(que pasa poco a poco)
apurará carruajes,
despertará de insomnios
hasta llegar al punto
donde ya no hay peajes.
Dejame que repita
lo que ya me dijiste,
el amor no es palabra
porque ya lo sentiste.
miércoles, septiembre 18, 2002
Añadidura de la concomitancia
Levemente lluvioso, mejorando hacia el viernes
El agua y el aire, llamaradas frescas
que ilusionan la tarde.
Hablar, hablarte, escuchar, escucharte
dos voces surcando el infinito,
provocan vibraciones que derriten los vidrios.
Espejos rotativos,
relación alevosa,
palabra en la palabra,
y boca sobre boca.
¿Y qué importan los trenes?
¿Qué importan las distancias?
Tenemos la alegría
tenemos las palabras
que van diciendo todo
apurando esperanzas.
Te hice un barquito de papel,
y después te hice un mar
por donde navegarte,
más tarde haré tormentas,
huracanes de besos,
tifones de caricias,
maremotos de ensueños,
y cuando el agua explote,
cuando el viento se calme
te pondré entre mis brazos
recuperando el aire.
Los viernes suenan lindo,
porque son importantes,
tienen voz de milagro
hacen hervir la sangre.
Levemente lluvioso, mejorando hacia el viernes
El agua y el aire, llamaradas frescas
que ilusionan la tarde.
Hablar, hablarte, escuchar, escucharte
dos voces surcando el infinito,
provocan vibraciones que derriten los vidrios.
Espejos rotativos,
relación alevosa,
palabra en la palabra,
y boca sobre boca.
¿Y qué importan los trenes?
¿Qué importan las distancias?
Tenemos la alegría
tenemos las palabras
que van diciendo todo
apurando esperanzas.
Te hice un barquito de papel,
y después te hice un mar
por donde navegarte,
más tarde haré tormentas,
huracanes de besos,
tifones de caricias,
maremotos de ensueños,
y cuando el agua explote,
cuando el viento se calme
te pondré entre mis brazos
recuperando el aire.
Los viernes suenan lindo,
porque son importantes,
tienen voz de milagro
hacen hervir la sangre.
martes, septiembre 17, 2002
Amanecer en Marte
Jiuston: ui jav a problem
Pasa la cantinela de las horas
haciéndole cosquillas al silencio.
¿Dormís?
¿Cumplís promesas tontas?
Si apretás el botonito
no vas a encontrarme
con el corazón congelado
de esperarte.
No me hagas caso.
Los tomates juegan a la rayuela
en el patio de la escuela.
Se hace tarde,
tarde para nada,
amanece en Marte y los marcianos
se preparan para salir
a trabajar,
para las cosas cotidianas.
Pero la nave sobrevuela
otros planetas,
roza las estrellas y las estrellas cantan
luces de colores,
yo no extraño los pájaros,
sólo extraño tus ojos
en este amanecer marciano.
Dije alguna vez una cosa extraña
—no la recuerdo textualmente—
pero esa cosa me persigue,
me muerde los talones,
hago memoria y mi memoria
está llena de vos,
de tus fotos,
alita sonriente,
medias tres cuartos
y una manito que se estira
como queriendo
tocarme en el futuro.
Wish you were here
(siempre lo deseo)
pero Marte está tan lejos
que a veces me mareo.
Jiuston: ui jav a problem
Pasa la cantinela de las horas
haciéndole cosquillas al silencio.
¿Dormís?
¿Cumplís promesas tontas?
Si apretás el botonito
no vas a encontrarme
con el corazón congelado
de esperarte.
No me hagas caso.
Los tomates juegan a la rayuela
en el patio de la escuela.
Se hace tarde,
tarde para nada,
amanece en Marte y los marcianos
se preparan para salir
a trabajar,
para las cosas cotidianas.
Pero la nave sobrevuela
otros planetas,
roza las estrellas y las estrellas cantan
luces de colores,
yo no extraño los pájaros,
sólo extraño tus ojos
en este amanecer marciano.
Dije alguna vez una cosa extraña
—no la recuerdo textualmente—
pero esa cosa me persigue,
me muerde los talones,
hago memoria y mi memoria
está llena de vos,
de tus fotos,
alita sonriente,
medias tres cuartos
y una manito que se estira
como queriendo
tocarme en el futuro.
Wish you were here
(siempre lo deseo)
pero Marte está tan lejos
que a veces me mareo.
lunes, septiembre 16, 2002
Alegoría de los rulemanes engranados
Opus 5ta a fondo y guarda con el semáforo
Hay autopistas tan largas
que no llegan a ninguna parte,
hilos de una madeja inconmensurable
donde las abejas
vienen, con sus tarritos de miel
a endulzar paisajes.
El ruido que produce un rulemán
al engranarse
es directamente proporcional
al latir de los corazones
de conductor y acompañante.
Por eso elegimos
el aire, beber el sol que cae
sin dañarse,
las callejas de tierra,
la polvorienta extremidad
de la ciudad que queda lejos,
la inconmensurable melodía
de una colectora
en sábado de no promesas
y festejos.
Y cuando el amor está flotando
te levanta con él
te lleva lejos,
anida en las latitas de cerveza
y desde allí otea alborozado
el milagro cotidiano
de la naturaleza.
¿Qué tienen de misterio
unas bolitas de metal
cuando se ponen viejas?
Si cuando muere un rulemán
se abren todas las puertas,
para que los pájaros
se vayan lejos.
Caballos de metal,
escaleras de metal,
sábanas calientes,
y los pájaros y las abejas
que regresan,
a picotear las pieles
a alborozar sentidos
a remixar milagros
que se creían extinguidos irremediablemente.
Y de una vez por todas
aprendí a volar,
con vos, en vos,
alas compartidas,
aguja que sube,
agregar agua,
porque el agua pugna
por escapar
de esa prisión de plástico.
Volar en el agua,
explotar termómetros
sin doblar la tapa.
Es alegórico, mi amor,
es señal inequívoca
de donde hay que parar
y cuando hay que seguir,
tomar aliento,
alimentar pasión,
jugar con fundamento.
Pasar cada nivel
haciéndonos expertos,
saber qué botón hay que apretar,
poner botones para que el otro
los apriete.
Dar todo lo posible
y también un poco más,
aprovechar cada segundo
porque el tiempo
no nos pertenece.
Opus 5ta a fondo y guarda con el semáforo
Hay autopistas tan largas
que no llegan a ninguna parte,
hilos de una madeja inconmensurable
donde las abejas
vienen, con sus tarritos de miel
a endulzar paisajes.
El ruido que produce un rulemán
al engranarse
es directamente proporcional
al latir de los corazones
de conductor y acompañante.
Por eso elegimos
el aire, beber el sol que cae
sin dañarse,
las callejas de tierra,
la polvorienta extremidad
de la ciudad que queda lejos,
la inconmensurable melodía
de una colectora
en sábado de no promesas
y festejos.
Y cuando el amor está flotando
te levanta con él
te lleva lejos,
anida en las latitas de cerveza
y desde allí otea alborozado
el milagro cotidiano
de la naturaleza.
¿Qué tienen de misterio
unas bolitas de metal
cuando se ponen viejas?
Si cuando muere un rulemán
se abren todas las puertas,
para que los pájaros
se vayan lejos.
Caballos de metal,
escaleras de metal,
sábanas calientes,
y los pájaros y las abejas
que regresan,
a picotear las pieles
a alborozar sentidos
a remixar milagros
que se creían extinguidos irremediablemente.
Y de una vez por todas
aprendí a volar,
con vos, en vos,
alas compartidas,
aguja que sube,
agregar agua,
porque el agua pugna
por escapar
de esa prisión de plástico.
Volar en el agua,
explotar termómetros
sin doblar la tapa.
Es alegórico, mi amor,
es señal inequívoca
de donde hay que parar
y cuando hay que seguir,
tomar aliento,
alimentar pasión,
jugar con fundamento.
Pasar cada nivel
haciéndonos expertos,
saber qué botón hay que apretar,
poner botones para que el otro
los apriete.
Dar todo lo posible
y también un poco más,
aprovechar cada segundo
porque el tiempo
no nos pertenece.
sábado, septiembre 14, 2002
Hasta las manos
Sonatina en Si Mayor
Cuando la vida me habia dicho
que la oportunidad estaba muerta,
que el cuarto de hora pasó
sin anunciarse,
cuando las espectativas marchitaban
los deseos
y la letal simetría del destino
me ponía la pata en la cabeza:
apareciste vos, encendiendo la noche
derribando los muros del destierro,
pateando las postales
de todas las miserias,
aplacando esa eterna
opresion en el pecho,
aligerando el aire
resolviendo misterios.
No sé en qué estaba pensando,
no sé, ni me interesa,
sólo sé que rompiste
el hechizo diabólico
que me ataba a perderme
los mejores momentos,
esa monocromía
de grises sin sustancia
por donde iba mi vida
dando tumbos errantes.
Entonces me encontré
(al que había perdido)
miré mis manos sucias
mis ropas destruidas
mis ojos apagados
mi piel deshabitada
y supe en ese instante
que aquel no era yo,
que era algo inventado.
Y la sangre fluyó
llenando las arterias;
el cuarto de cerebro
que me habían dejado
arrancó los motores,
mis manos se limpiaron.
Y cuando me miraste
de golpe te metiste
en la prisión de mi alma
mostrándome las llaves
de todos los candados,
abriste una_a_una
las puertas de la cárcel
para dejarme libre,
feliz y enamorado.
Sonatina en Si Mayor
Cuando la vida me habia dicho
que la oportunidad estaba muerta,
que el cuarto de hora pasó
sin anunciarse,
cuando las espectativas marchitaban
los deseos
y la letal simetría del destino
me ponía la pata en la cabeza:
apareciste vos, encendiendo la noche
derribando los muros del destierro,
pateando las postales
de todas las miserias,
aplacando esa eterna
opresion en el pecho,
aligerando el aire
resolviendo misterios.
No sé en qué estaba pensando,
no sé, ni me interesa,
sólo sé que rompiste
el hechizo diabólico
que me ataba a perderme
los mejores momentos,
esa monocromía
de grises sin sustancia
por donde iba mi vida
dando tumbos errantes.
Entonces me encontré
(al que había perdido)
miré mis manos sucias
mis ropas destruidas
mis ojos apagados
mi piel deshabitada
y supe en ese instante
que aquel no era yo,
que era algo inventado.
Y la sangre fluyó
llenando las arterias;
el cuarto de cerebro
que me habían dejado
arrancó los motores,
mis manos se limpiaron.
Y cuando me miraste
de golpe te metiste
en la prisión de mi alma
mostrándome las llaves
de todos los candados,
abriste una_a_una
las puertas de la cárcel
para dejarme libre,
feliz y enamorado.
viernes, septiembre 13, 2002
Canción para tu siesta
Sol-Fa7+-Do-Re-mi
La madrugada te comió
los ojos de mirarme,
y los sueños inquietos
te llevaron a correr por lugares
donde el cielo explota inexplicablemente.
Estabas cansada, amor,
tan cansada que las sábanas
te acariciaron casi tanto como yo
(en la otra madrugada)
Y aunque los cuerpos ahora giren
en órbitas distintas,
no importan las distancias,
ni la sangre que no hierve.
Yo voy con mi mochila
trajinando viejas calles de Barracas,
y sonrío pensando
que en algún lugar del mundo:
mi muñequita duerme.
Sol-Fa7+-Do-Re-mi
La madrugada te comió
los ojos de mirarme,
y los sueños inquietos
te llevaron a correr por lugares
donde el cielo explota inexplicablemente.
Estabas cansada, amor,
tan cansada que las sábanas
te acariciaron casi tanto como yo
(en la otra madrugada)
Y aunque los cuerpos ahora giren
en órbitas distintas,
no importan las distancias,
ni la sangre que no hierve.
Yo voy con mi mochila
trajinando viejas calles de Barracas,
y sonrío pensando
que en algún lugar del mundo:
mi muñequita duerme.
jueves, septiembre 12, 2002
El día después
Previsible, inevitable, delicioso
Quería tantas cosas,
y no quería ninguna.
El caso era querer, desear,
ponerse de la nuca,
rayar el suelo con las uñas sucias
y al masticar el sueño
desear que no despierte.
Ahora quiero tantas cosas
y las quiero todas.
El caso es no exigir, no pedir, no rogar,
rasgar la sábana, liberar el cielo,
dejarse resbalar
hacia límites nuevos.
Y quiero por ejemplo:
que la luna haga pis,
que el sapo no reviente,
que el 86 no pare en esta esquina,
que los muertos se rían,
que no lloren los parientes,
y quiero mucho más de aquello que ya tengo.
Pero el reloj me atrapa
con sus zarpas de agujas indecentes.
Me aferro a las patas de la noche
para que no te vayas,
para que se destierren de todo diccionario
esas putas palabras
que quieren separarnos.
No me digas que el sol no te dio el mejor beso,
no me digas que el aire no flotó alrededor
construyendo universos,
no me niegues la risa
ni me niegues la lágrima,
Dame tu primavera
y todos tus septiembres,
dame el péndulo inmovil,
la penumbra insolente,
el reflejo espejado
de tus glúteos de nácar,
dame siempre el sabor
de tus labios ardiendo,
dame el hueco invisible
que habita el pensamiento,
dame el mar y la brisa
la ola que acaricia
esa herida en la arena.
Dame la libertad
de sentirme tan pleno,
dame todas tus noches
(vos sabés lo que quiero)
Previsible, inevitable, delicioso
Quería tantas cosas,
y no quería ninguna.
El caso era querer, desear,
ponerse de la nuca,
rayar el suelo con las uñas sucias
y al masticar el sueño
desear que no despierte.
Ahora quiero tantas cosas
y las quiero todas.
El caso es no exigir, no pedir, no rogar,
rasgar la sábana, liberar el cielo,
dejarse resbalar
hacia límites nuevos.
Y quiero por ejemplo:
que la luna haga pis,
que el sapo no reviente,
que el 86 no pare en esta esquina,
que los muertos se rían,
que no lloren los parientes,
y quiero mucho más de aquello que ya tengo.
Pero el reloj me atrapa
con sus zarpas de agujas indecentes.
Me aferro a las patas de la noche
para que no te vayas,
para que se destierren de todo diccionario
esas putas palabras
que quieren separarnos.
No me digas que el sol no te dio el mejor beso,
no me digas que el aire no flotó alrededor
construyendo universos,
no me niegues la risa
ni me niegues la lágrima,
Dame tu primavera
y todos tus septiembres,
dame el péndulo inmovil,
la penumbra insolente,
el reflejo espejado
de tus glúteos de nácar,
dame siempre el sabor
de tus labios ardiendo,
dame el hueco invisible
que habita el pensamiento,
dame el mar y la brisa
la ola que acaricia
esa herida en la arena.
Dame la libertad
de sentirme tan pleno,
dame todas tus noches
(vos sabés lo que quiero)
miércoles, septiembre 11, 2002
La manzana y las temporadas en el infierno
Vivace ma non troppo, tirando a calenturiento
Pude morder la manzana
pero no lo hice,
solamente le pasé la lengua
y la dejé tirada.
Lo cual es peor,
porque mi baba ácida
horadará concienzudamente
la resistencia de la cáscara
hasta llegar al alma entera
de la fruta,
para otorgarle desmayadamente
el veneno inquietante
de los deseos viejos como el mundo,
y el hecho de haber lamido
esa cáscara roja e inquietante
me hace hervir la lengua,
me electriza cada nervio
y cada pensamiento.
Pero es que yo no quería
comer frutos de árboles
con las raíces podridas,
porque ya estoy podrido
de la podredumbre que me rodea
con su olor morado
como uñas de muertos
que pugnan por escapar
de sus paralelepípedas prisiones
de madera y de gusanos.
Yo no quería,
pero ahora quiero.
Voy a morder la manzana
aunque ello suponga arder
eternamente en el infierno.
Al fin y al cabo,
el que te dije
está durmiendo la siesta
y parece que por cien mil años más
no se despierta.
¿Qué?
¿Que él no duerme la siesta ni juega a los dados?
¡Ja!
Se duerme todo el quía,
si no es así:
¿podés explicarme el kilombo en el que estamos metidos?
Y también juega a los dados,
se juega todo en una mano,
total él nunca pierde.
Aunque Albertito diga lo contrario
juega y duerme,
no coge,
porque la tiene tan grande que no le cabe a nadie,
entonces
como siempre gana y nunca la coloca
duerme,
porque no le queda otra.
Pero ya me fui al carajo,
te decía que ahora voy a morder esa manzana,
aunque el universo muera
apagándose todas las putas luces que no sirven para nada.
Como esas luces que entraban por la ventana
a mordizquear la penumbra cómplice
y reparadora de turbios pensamientos,
como las energías que giraban alrededor
formando un torbellino de cristales rompiéndose.
Y todo porque alguien me dijo que a las manzanas
no había que morderlas.
Cháchara vacía de conceptos,
porque ni yo soy Adán ni ella es Eva,
y las serpientes sólo sirven para que la gente
se agolpe frente a los vidrios sucios
de los serpentarios
en zoológicos míticos poblados de animales en pose,
tristes como la gran puta,
helados derretidos en la palma de la mano,
agujas calientes y cervezas derramadas.
Y yo no quiero perderme
ni un segundo del final de los volcanes,
quiero beber esa lava aunque me queme las entrañas,
supurar sensaciones negras
para teñirlas del color que más me guste,
compartir mi veneno,
morir en el mismo grito
que acompasa las esperas.
Voy a morderla,
voy a comerla con esmero,
quiero hacerla durar,
quiero destrozarla y darle tiempo
a saborear la muerte
que precede las resurrecciones,
para que el cielo se caiga
sobre el mundo
y las gaviotas vuelen su último vuelo
cruzando un mar en llamas.
Y si caemos al infierno mala leche.
¿Quién podrá arrancarnos los sabores?
¿Cúantos satanaces harán falta para romper
el abrazo mortal ensimismado de deseos
y placeres?
Y que el otro duerma o se despierte,
no me importa si me ve,
me importa medio comino si le gusta o desaprueba,
yo quiero morder,
necesito morder esa manzana,
necesito sentir en mi boca
la pulpa jugosa
dándole razón de ser
a los pocos dientes que me quedan.
Y si la noche se hace eterna,
si los astros explotan y se apagan
no me importa.
Sólo sé que no podría
vivir un día más
sabiendo que la manzana esta temblando,
deseando que la muerda.
Vivace ma non troppo, tirando a calenturiento
Pude morder la manzana
pero no lo hice,
solamente le pasé la lengua
y la dejé tirada.
Lo cual es peor,
porque mi baba ácida
horadará concienzudamente
la resistencia de la cáscara
hasta llegar al alma entera
de la fruta,
para otorgarle desmayadamente
el veneno inquietante
de los deseos viejos como el mundo,
y el hecho de haber lamido
esa cáscara roja e inquietante
me hace hervir la lengua,
me electriza cada nervio
y cada pensamiento.
Pero es que yo no quería
comer frutos de árboles
con las raíces podridas,
porque ya estoy podrido
de la podredumbre que me rodea
con su olor morado
como uñas de muertos
que pugnan por escapar
de sus paralelepípedas prisiones
de madera y de gusanos.
Yo no quería,
pero ahora quiero.
Voy a morder la manzana
aunque ello suponga arder
eternamente en el infierno.
Al fin y al cabo,
el que te dije
está durmiendo la siesta
y parece que por cien mil años más
no se despierta.
¿Qué?
¿Que él no duerme la siesta ni juega a los dados?
¡Ja!
Se duerme todo el quía,
si no es así:
¿podés explicarme el kilombo en el que estamos metidos?
Y también juega a los dados,
se juega todo en una mano,
total él nunca pierde.
Aunque Albertito diga lo contrario
juega y duerme,
no coge,
porque la tiene tan grande que no le cabe a nadie,
entonces
como siempre gana y nunca la coloca
duerme,
porque no le queda otra.
Pero ya me fui al carajo,
te decía que ahora voy a morder esa manzana,
aunque el universo muera
apagándose todas las putas luces que no sirven para nada.
Como esas luces que entraban por la ventana
a mordizquear la penumbra cómplice
y reparadora de turbios pensamientos,
como las energías que giraban alrededor
formando un torbellino de cristales rompiéndose.
Y todo porque alguien me dijo que a las manzanas
no había que morderlas.
Cháchara vacía de conceptos,
porque ni yo soy Adán ni ella es Eva,
y las serpientes sólo sirven para que la gente
se agolpe frente a los vidrios sucios
de los serpentarios
en zoológicos míticos poblados de animales en pose,
tristes como la gran puta,
helados derretidos en la palma de la mano,
agujas calientes y cervezas derramadas.
Y yo no quiero perderme
ni un segundo del final de los volcanes,
quiero beber esa lava aunque me queme las entrañas,
supurar sensaciones negras
para teñirlas del color que más me guste,
compartir mi veneno,
morir en el mismo grito
que acompasa las esperas.
Voy a morderla,
voy a comerla con esmero,
quiero hacerla durar,
quiero destrozarla y darle tiempo
a saborear la muerte
que precede las resurrecciones,
para que el cielo se caiga
sobre el mundo
y las gaviotas vuelen su último vuelo
cruzando un mar en llamas.
Y si caemos al infierno mala leche.
¿Quién podrá arrancarnos los sabores?
¿Cúantos satanaces harán falta para romper
el abrazo mortal ensimismado de deseos
y placeres?
Y que el otro duerma o se despierte,
no me importa si me ve,
me importa medio comino si le gusta o desaprueba,
yo quiero morder,
necesito morder esa manzana,
necesito sentir en mi boca
la pulpa jugosa
dándole razón de ser
a los pocos dientes que me quedan.
Y si la noche se hace eterna,
si los astros explotan y se apagan
no me importa.
Sólo sé que no podría
vivir un día más
sabiendo que la manzana esta temblando,
deseando que la muerda.